Miércoles 23 de Abril de 2014 | 11:20

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Similitudes y diferencias

Meningocele y mielomeningocele

Una y otra forman parte de lo que se conoce bajo el nombre genérico de espina bífida, que a su vez se ubica entre los defectos del tubo neural. Si bien su aspecto puede parecer similar, sus consecuencias no lo son: mientras una prácticamente no tiene síntomas apreciables, la otra acarrea consecuencias graves.

Meningocele y mielomeningocele

Introducción
En los seres humanos, como en los animales, el sistema nervioso central se desarrolla a partir de la diferenciación de algunas células, que pasan a cumplir las funciones propias de lo que luego será el cerebro y la médula espinal. Su ubicación primaria se halla, al igual que las que luego darán forma a la piel, el cabello y las uñas, en el ectodermo, que es una de las tres capas en que se divide el embrión aproximadamente en la tercera semana de gestación.
Ellas van conformando lo que se conoce como tubo neural a partir de una estructura que se denomina placa neural, que conforma el tejido nervioso primario. Poco a poco, se va produciendo una forma tubular a medida que estas formaciones se invaginan, es decir, van doblándose hacia adentro, al tiempo que comienzan a desplazarse en el feto hasta que finalmente llegan a la posición que ocupará definitivamente.
Este sistema, que básicamente es el encargado de recibir y procesar las informaciones recibidas de los distintos sentidos y de transmitir las órdenes de respuesta, está compuesto por el encéfalo y la médula espinal.
Además de las estructuras óseas en las que se aloja (cráneo y columna vertebral), se encuentra protegido por tres membranas: duramadre (la externa), aracnoides (la intermedia) y la piamadre (la interna) que recubren el sistema, las que reciben el nombre de meninges. Ellas actúan como barrera biológica que impiden el ingreso de microorganismos y sustancias que podrían causar daño; como amortiguador, gracias al líquido cefalorraquídeo que corre entre las envolturas, ante impactos tales como golpes o movimientos bruscos; como sostén, entre otras funciones.
Por diversas cuestiones, algunas veces el cerramiento del tubo neural no se produce completamente. Eso genera lo que se conoce como defectos del tubo neural, los más comunes de los cuales son la anencefalia (desarrollo incompleto del cerebro), la hidrocefalia (acumulación excesiva de líquido cefalorraquídeo), el encefalocele y la espina bífida.
En el caso de la anencefalia, la enorme mayoría de los niños nacen muertos o fallecen al poco tiempo de nacer.
La hidrocefalia se produce por excesiva producción de líquido cefalorraquídeo, por obstrucción en su circulación o porque no se elimina la misma cantidad que se produce. La normal en un adulto es aproximadamente 150 ml, y se renueva cada 3 o 4 horas. Suele ser posible su tratamiento mediante la inserción de válvulas de drenaje. Se presenta en 1 a 3 de cada 1.000 nacimientos.
En el encefalocele se verifica una abertura en el cráneo con una protuberancia de tejido cerebral. La sobrevida al parto suele ser escasa y con pronóstico de retraso mental severo. Es el más raro de los defectos del tubo neural. Se estima que afecta a uno de cada 2 a 6.000 nacidos vivos.
La espina bífida se presenta cuando el defecto se aloja en la columna vertebral, la que no completa su cierre.
Las causas por las cuales no se completa correctamente el tubo neural son variadas. Van desde problemas genéticos hasta exposiciones a radiaciones, campos magnéticos y sustancias tóxica, las infecciones intrauterinas, asfixia en el momento del parto y déficit de ácido fólico en la dieta materna, entre otras.

Tres formas de espina bífida
La forma más benigna en que se presenta es la oculta, en la cual el defecto no llega a la superficie, es decir que la apertura de la espina no se aprecia a simple vista.
Es la más benigna, dado que raramente se asocian síntomas a su existencia, y, cuando ello ocurre, suelen ser me-nores y pasan desapercibidos en la mayor parte de los casos. En contadas ocasiones requiere de alguna corrección quirúrgica. A su vez, es la menos frecuente de las tres.
Por otro lado, se conoce como meningocele a aquel defecto que produce no solo una incompleta formación ósea, sino que, además, existe una protuberancia en la región dorsal, compuesta por parte de las meninges, algún tejido de la espina y líquido cefalorraquídeo. Donde se aloja con mayor frecuencia es en la parte baja de la zona lumbar, aunque puede ubicarse en cualquier región a lo largo de la columna vertebral.
Generalmente, el problema es de tipo cosmético, porque prácticamente nunca tiene asociadas perturbaciones neurológicas.
Sin embargo, pueden presentarse algunas complicaciones, como, por ejemplo, que la piel que recubre el saco sea poco resistente, lo que puede llevar a la pérdida de líquido cefalorraquídeo. En ese caso, extremadamente raro, existe riesgo de que el líquido se contamine y se produzca una meningitis u otro tipo de infecciones, que, por estar involucrado el sistema nervioso central, son peligrosas. También esa especie de bolsa puede alcanzar proporciones de tal magnitud que afecten el normal desenvolvimiento y produzcan incomodidad. Por ello es frecuente que se recurra a la cirugía para su corrección, sin mayores consecuencias adversas. El procedimiento consiste en remover la protuberancia y reconstruir el tejido, para evitar nuevas fugas.
Lo que diferencia al meningocele del mielomeningocele es que en este último, además de las meninges, el líquido y los tejidos incluya en el saco que se forma parte del tejido nervioso mismo.
Se estima que 1 de cada 800 niños nace con este defecto, lo que lo hace la forma más extendida de espina bífida.
Tal como en el meningocele, el problema es que no se cierran correctamente los huesos y el tejido, en lugar de correr por el canal de la columna, se sale de él, formando un saco.
Otra de las divergencias entre ambos es que, mientras que el meningocele prácticamente no tiene síntomas ni patologías asociadas, el mielomeningocele suele estar acompañado por hidrocefalia (según algunos estudios, puede llegar al 90% de los casos). Con menor frecuencia, también se observa en los afectados la presencia de siringomielia, que es una especie de quiste en forma de bolsa o saco, que tiende a expandirse y a alargarse, destruyendo parte de la médula espinal. Como ella es la que conecta el cerebro con los nervios periféricos, este quiste, denominado siringe o syrinx, suele causar dolores, debilidad y rigidez en la espalda, los hombros y en las extremidades. También se reporta reducción o imposibilidad de sentir frío o calor en distintas partes del cuerpo, especialmente en las manos. En cada paciente puede producirse una combinación diferente de síntomas.
También el mielomeningocele suele afectar funciones motoras, provocando distintos grados de parálisis, diversos problemas neurológicos, retraso mental y diferentes patologías, mientras que el meningocele prácticamente no presenta mayores inconvenientes.
Un aspecto que los asemeja es que, más allá de que ambos comparten un origen que se presume genético, en los dos tipos existe una mayor prevalencia entre la población de menores recursos, quizás debido a problemas de alimentación.
Otro que los distingue es que para la forma más grave de espina bífida parece existir una mayor predisposición según los orígenes étnicos. Aparentemente, estudios llevados a cabo en los EE.UU. sugieren que mientras entre las personas blancas se presenta en el 1,5 por mil de los casos, entre los afroamericanos solo alcanza al 0,4 y que es aun menor entre las de origen asiático.
A su vez, el sexo femenino en las dos manifestaciones tiene una preponderancia levemente mayor que el masculino, siendo la proporción de 1,2 a 1.

Conclusiones y prevención
En síntesis, las diferencias entre el meningocele y el mielomeningocele pueden resumirse en:
1. El tipo de tejidos involucrados y, con base en ello, la gravedad de la afección.
2. Como consecuencia de lo anterior, una es generalmente benigna y asintomática, mientras que la otra no lo es.
3. El primero no presenta patologías asociadas; el segundo sí, de diversa gravedad.
4. El meningocele no afecta las funciones cognitivas; el mielomeningocele produce distintos grados de retraso mental.
5. La frecuencia. Infortunadamente, el 75% de los casos de espina bífida son mielomeningocele.
Todos los defectos del tubo neural pueden prevenirse con una dieta alimenticia que contenga folatos o por medio de suplementos de ácido fólico, es decir, por el consumo de vitamina B, que se halla presente en las verduras de hoja verde, en las legumbres y en el jugo de naranja, principalmente. También se pueden conseguir productos alimenticios fortificados con ácido fólico.
La recomendación es que las mujeres en edad fértil consuman 400 microgramos diarios y que, en caso de embarazo, aumenten la ingesta a 1.000 microgramos.
Las investigaciones desarrolladas en el tiempo indican que aunque no se sabe qué lo produce, una dieta que incluya los niveles indicados reduce la frecuencia de este y de otros defectos en un 70%.

Algunas fuentes:
- http://www.neurorehabilitacion. com/recursosespinabifida.htm
- http://www.neurocirugia.com/static.php?page=encefalocele
- http://www.nervous-system-di seases.com/meningocele.html
- http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/001558.htm
- http://emedicine.medscape.com/article/311113-overview
- http://www.mednet.cl/link.cgi/Medwave/Reuniones/TuboNeural/2364


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