Jueves 24 de Abril de 2014 | 07:28

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Publicación de interés para aquellas personas que de una u otra forma estén vinculadas con el tema de la discapacidad y para el público en gral.

Dinámica familiar

Disciplina positiva en niños con trastornos de conducta

La disciplina positiva es un método que involucra a toda la familia y busca transmitir saberes y valores con bondad y firmeza, evitando caer tanto en el autoritarismo como en la sobreprotección. Los límites son demostrados con amor y comprensión para promover en los niños cualidades como la responsabilidad, el respeto y la autoestima, pilares para su futuro como miembros valiosos de la comunidad. Un reciente estudio asegura que los niños con trastornos del desarrollo que son criados desde esta perspectiva alcanzan una mayor independencia, mejores habilidades de lenguaje y una equilibrada vida emocional.

Disciplina positiva en niños con trastornos de conducta
Basada en los postulados de los psicólogos austríacos Alfred Adler (1870-1937) y Rudolf Dreikurs (1897-1972), la disciplina o crianza positiva (DP, 1920) se desarrolló como un método que pudiera brindar a padres y pedagogos una alternativa de enseñanza superadora de la disciplina dura o punitiva que predominaba hasta el momento. Su objetivo principal era que los niños aprendiesen a cultivar la auto-responsabilidad, es decir, adquirir una conciencia guiada por su propia disciplina interna. Para Dreykurs, un niño con problemas de comportamiento es en realidad un niño desmotivado, que tiene que ser acompañado en un proceso de confianza y empatía. Ambos especialistas coincidían además en que el castigo arbitrario y las posturas autoritarias debilitan la conexión familiar necesaria para producir un cambio de conducta positivo, impidiendo que el niño pueda desarrollar auto-control y auto-disciplina.
Si bien estas teorías causaron gran impacto y sumaron tanto adherentes como detractores, fue con la profundización y sistematización realizada a finales de la década del 80 por las psicólogas Jane Nelsen y Lynn Lott que la disciplina positiva alcanzó una repercusión masiva.
Este método orientador de enseñanza afirma que las primeras intervenciones comienzan con el nacimiento: los lazos de unión y confianza que se forman cuando los padres responden afectuosa y positivamente a las necesidades de un bebé, ya entablan los cimientos de la confianza y una nueva manera de vivenciar la disciplina.
La DP implica el uso de técnicas que ayuden al niño a explorar el mundo con seguridad, a través de sus ojos, fortaleciendo su empatía para lograr experimentar y anticiparse a las consecuencias naturales de sus acciones. En cuanto al rol de los padres, ellos son quienes le brindan las ayudas necesarias, afianzando su percepción para entender aquello que su hijo necesita y expresa a través de su comportamiento.
En este sentido, la DP es una metodología donde toda la familia adquiere un rol activo, ya que los niños aprenden con el ejemplo y los adultos deberán esforzarse para modelar acciones positivas dentro de la familia y en las interacciones con la comunidad.
Con el correr de los años y a partir del aumento en los diagnósticos y etiquetas de trastornos conductuales, la disciplina positiva comenzó a ser tenida en cuenta y practicada por profesionales especializados en discapacidad y pedagogía.
A finales del año pasado un revelador estudio llevado a cabo por la Brigham Young University de Estados Unidos dio a conocer que este estilo de crianza tendría un gran impacto en niños con discapacidades del desarrollo. Para los profesionales responsables de dicha investigación, el enfoque con que los padres lleven adelante la crianza de sus hijos con discapacidad está directamente ligado a la forma cooperativa e independiente con que resuelvan sus metas de adultos.
En un análisis sobre diversos estudios existentes que analizaron la influencia de la crianza paterna en los niños con necesidades especiales, los investigadores encontraron que cuando las mamás y los papás utilizan la crianza positiva, sus hijos muestran una mayor independencia, mejores habilidades de lenguaje, una más equilibrada expresión emocional y una buena interacción social.
"En los hogares donde se aplica la crianza positiva, los síntomas y la gravedad de la discapacidad del niño son más propensos a disminuir con el tiempo. Las investigaciones realizadas han demostrado que cuanto más temprana y positiva es la crianza, mayor es el desarrollo del niño", afirmó Tim Smith, uno de los especialistas responsables del estudio, publicado en la publicación “Investigación en Discapacidades del Desarrollo” (Research in Developmental Disabilities).
Los resultados del análisis son los primeros en evaluar específicamente el papel de este estilo de crianza en niños con discapacidades de desarrollo, destacando la importancia de promover habilidades efectivas de crianza como parte de los servicios de intervención temprana.
Recuperar el protagonismo en la dinámica familiar es uno de los temas más recurrentes en los entornos de parejas jóvenes que quieren sentirse artífices y artesanas al elegir sus propias formas de planificación familiar, parto, alimentación, educación y pedagogía. Los paradigmas convencionales son debatidos y cuestionados y nuevas visiones surgen como potentes alternativas. Esta realidad involucra especialmente a las familias de niños con trastornos de conductas y discapacidad, quienes sienten que sus hijos no “encajan” dentro de las instituciones tradicionales y ven en la posibilidad de abrir un espacio para romper las etiquetas y desarrollar sus propias experiencias un panorama muy alentador.
    
Los problemas de la enseñanza punitiva
“De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien, primero tenemos que hacerlo sentir mal”, cuestiona Jane Nelsen, una de las principales promotoras del método. Para la disciplina positiva, inculcar miedo al niño no sirve para nada y genera sentimientos de vergüenza y humillación. Nelsen afirma que se ha demostrado que el miedo da lugar a un aumento del riesgo de comportamientos antisociales, abuso de sustancias y la delincuencia.
Otro de los peligros de la disciplina basada en el castigo señalados por este enfoque se sitúa en el maltrato físico o emocional. La “disciplina dura”, sólo enseñaría a los niños que la violencia es la única manera de resolver los problemas, además de poner en peligro la confianza en los padres y perjudicar el vínculo de apego.
Por el contrario, cuestionar las prácticas punitivas heredades, examinar las experiencias frustrantes de la propia infancia y ver cómo pueden estar influyendo negativamente en la crianza llevada adelante, es un signo de fortaleza y crecimiento personal para un padre, como también el buscar ayuda cuando no se sienten capaces de practicar una crianza positiva.
Para la especialista en DP Kathryn J. Kvols "los niños se comportan mal cuando se sienten desanimados o impotentes. Al utilizar métodos de disciplina que los hagan sentirse mal consigo mismo pierden su autoestima. No tiene sentido castigar a un niño que ya se está sintiendo mal a causa de un error”.
Criticar, desalentar, culpar, avergonzar utilizando el humor sarcástico o cruel, son otras maneras de utilizar la violencia y de igual manera sólo contribuyen con el retraimiento y el daño en la autoestima.
Claro que no se trata entonces de ceder al consentimiento, ya que la crianza permisiva lejos está de contribuir con la felicidad de los niños, que constantemente buscarán poner a prueba a sus padres sin lograr internalizar la verdadera autodisciplina.
El objetivo es encontrar ese punto medio o “fuerza suave”, guiada por una consciencia clara y amorosa que busca identificar y modificar las causas detrás de un comportamiento inadecuado, permitiendo a los niños explorar las consecuencias de sus decisiones y también los involucra en las soluciones. Esta perspectiva fomenta el aprovechamiento de los errores como oportunidades de aprendizaje, invitando a los niños a percibirse como personas capaces con un propósito de vida.
Todo padre se enfrenta con el problema de alcanzar el equilibrio en sus decisiones y en la manera en que ejercerá su rol, no en vano “disciplina” es una de las palabras más buscadas por ellos en Google.
La disciplina positiva plantea una serie de criterios a tener en cuenta para el desarrollo de relaciones de mutua consideración entre padres e hijos:
-Respeto mutuo: Se puede ser firme y amable al mismo tiempo. Es importante saber desarrollar la empatía, la capacidad de ponernos en el lugar del niño para comprender y respetar sus pensamientos y sentimientos.
-Reubicar el foco: reconocer las razones por las cuales los niños hacen lo que hacen y trabajar para cambiar esas creencias, en lugar de simplemente intentar cambiar el comportamiento.
-Mejorar la comunicación: muchas veces los problemas que aparentan ser conductuales pueden encubrir un problema de comunicación. Se recomienda pasar tiempo a solas con el hijo todos los días.
- Comprender las posibles necesidades insatisfechas detrás de un mal comportamiento.
-Buscar una disciplina que enseñe, que se centre en soluciones en lugar de castigo.
-Evitar etiquetar y desmerecer tanto como las alabanzas. Utilizar la motivación.
-Proporcionar un entorno afectuoso, seguro y consistente para los niños.
-Permitir a los niños explorar las consecuencias de sus decisiones e involucrarlos en las soluciones.
-Animar a los niños a la cooperación y a tomar la iniciativa manteniendo una visión solidaria de la vida.
- Hablar siempre con el niño antes de intervenir.
- No forzar disculpas.
Para los orientadores en disciplina positiva la buena conducta de un hijo no es cuestión de suerte. Hay muchas cosas que los padres pueden hacer para fomentarla. En este sentido, también se sugiere una serie de observaciones para poder configurar el escenario ideal para un buen comportamiento.
Existen algunas fuerzas o factores externos que pueden ser grandes aliados para crear un clima de mayor comunicación y armonía. Es importante que el ambiente familiar sea lo más tranquilo, cómodo y organizado posible. De igual manera hay que poner especial atención en la habitación del niño, creando un entorno que sepa estimularlo pero también contenerlo; que sus juguetes sean los apropiados para la edad y estén realizados en materiales nobles (sobre todo durante los primeros años evitar los juguetes plásticos y con colores demasiado vivos).
La rutina y el establecimiento de ritmos diarios también son grandes aliados. Esto genera seguridad en el ánimo del niño, sabiendo qué esperar en cada momento y autorregulando su ansiedad. Esto no quiere decir que cada día debe ser igual al anterior, se pueden incluir actividades planificadas y no planificadas, así como tiempos tranquilos y otros de juego activo.
En cuanto a los horarios de descanso, aquí si se debería ser lo más estricto posible, las siestas son importantes para los niños pequeños y deben ser parte de su rutina. Y en la medida de lo posible, mantener horarios de sueño y vigilia parejos. Esto también vale para las comidas, un niño con hambre puede ser un niño malhumorado.
Los horarios para ver televisión o utilizar la computadora suelen ser un punto de conflicto que es necesario atender. Se aconseja limitar el tiempo delante de las pantallas y asegurarse que los niños accedan a contenidos de calidad, acordes a cada etapa de crecimiento para promover un comportamiento positivo. Los programas y videojuegos violentos pueden hacer que un niño se sienta ansioso y fomentar un comportamiento agresivo.
También existen toda otra serie de factores o fuerzas internas ligadas al temperamento de cada niño, a su estilo integrado de comportamiento y que afecta la forma en que reacciona a los acontecimientos y las personas que se vinculan con su mundo. Si bien cada niño puede ser reconocido dentro de una tendencia, también posee una personalidad única que se llega a comprender con el tiempo. En este sentido es fundamental que los padres respeten sus sentimientos y pensamientos, sus ideas y contribuciones, cultivando hacia ellos la honestidad y la escucha profunda.
Esta sugerencia se aplica también en momentos de tensión, cuando los niños se encuentran en plena rabieta. “En el nombre del amor los padres quieren arreglar el sufrimiento de sus hijos, pero al intervenir durante la rabieta, están robando a sus hijos la posibilidad de desarrollar la convicción de que son capaces de hacer frente a los altibajos de la vida. Los padres tienen que confiar en que sus hijos pueden sentir sus propios sentimientos, y trabajar a través de ellos”, explica Jane Nelsen. Esta perspectiva también se aplica a las rabietas relacionadas a las prohibiciones paternas, como por ejemplo poner límites a los horarios de televisión. “Los padres no dejan a sus hijos desarrollar sus músculos de decepción, que son también sus músculos resiliencia, porque siempre quieren arreglar, ayudar y aliviar. Los niños necesitan aprender el auto-consuelo. Tenemos que dejar que ellos aprendan en un ambiente que es a la vez bueno y firme, que es alentador y enriquecedor. Se les debe permitir aprender por su propia experiencia que son capaces de sobrevivir a una decepción”.
Para Nelsen, una de las reglas de oro para poder forjar una autoridad amorosa es poder desarrollar esta capacidad de escucha que aporta autoconfianza al niño, que supera el mero castigo y el mero consentimiento e invita a los niños a descubrir sus propias capacidades para enmendar sus faltas, alentándolos al uso constructivo del poder personal y autonomía.

Disciplina positiva en niños con TDAH y Necesidades Especiales
Para el Dr. Carl E. Pickhardt, Psicólogo especialista en temas de la infancia y autor de una extensa lista de libros sobre los problemas de la crianza, no es tanto la incapacidad para prestar la suficiente atención, sino la incapacidad de obtener una atención positiva lo que más afecta a los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Esto puede originarse en que estos niños reciben una atención negativa por parte del adulto y el entorno escolar. “Tienen hambre de atención positiva. Los niños con TDAH sufren al ser constantemente corregidos y castigados por los adultos frustrados y enojados, y a menudo internalizan el trato negativo que se les da, pensando de sí mismos en términos negativos. "Soy malo". "Yo soy estúpido". "Soy un alborotador". "Yo soy un inadaptado". "Soy un perdedor". Ellos ven que los adultos los consideran así y comienzan a verse a sí mismos de la misma manera”, asegura Pickhardt.
En su libro “Disciplina Positiva para niños con Necesidades Especiales” (Positive Discipline for Children with Special Needs), Jane Nelsen afirma que es fundamental tanto para padres como para educadores aprender a mirar más allá de las etiquetas diagnósticas y creer en el potencial de cada niño, independientemente de su etapa de desarrollo, fortaleciendo su sentido de pertenencia.
La disciplina positiva enfocada para estos niños sugiere que se les proporcionen oportunidades para mejorar su conducta y atención, creando un ambiente adecuado para que se sientan animados a tomar distancia, centrarse y llevar a cabo las decisiones correctas. Para ello es necesario comprender el significado detrás de cada conducta y esto muchas veces puede implicar la participación en el proceso de un profesional avezado en conducta infantil, que pueda orientar en las mejores estrategias para acompañar al niño en su proceso de autoeducación.
Algunos profesionales especializados en estas técnicas recomiendan que ante niños hiperactivos se redirija su actividad desordenada hacia quehaceres positivos donde puedan sentirse útiles. Por ejemplo, si un niño comienza a mostrarse inquieto durante las compras en el supermercado, se le podría pedir ayuda para buscar tal o cual comestible o reorganizar los elementos en el carrito.
Otro punto importante es no repetir delante del niño aquellas conductas que se quieren modificar. ¿Cuántas veces se le presta al niño la misma atención que luego se le reclama? Es vital entonces que el niño perciba la contención de un entorno coherente, de escucha y atención.
En síntesis, la disciplina positiva no busca un método para hacerse respetar, imponer una autoridad ciega o lograr que los niños se mantengan calmos y no molesten, se trata de crear un espacio para la transmisión de valores en un ambiente de comprensión y afecto.
A partir de que se les facilite un ambiente propicio para la autoobservación y para superar sus propios errores, los niños desarrollan sus propias capacidades, ya que se les enseña a concentrarse más en las soluciones que en las culpas y a ser respetuosos y serviciales con su entorno. Al sentirse involucrados dentro de prácticas donde prima el respeto y la coherencia pueden centrarse con mayor claridad en las soluciones a los problemas que son relevantes para ellos y aprenden sus propias habilidades de control en vez de depender de un control externo, que los “atrape” en una falta y les imponga un castigo, proporcional a su falta o les brinde una recompensa por cumplir con lo esperado.
Para un niño criado en un entorno positivo no hay mayor recompensa que encontrar por sí mismo y desde la alegría la posibilidad para transformar sus límites y enmendar sus faltas.
En cuanto a las posibles críticas e inconvenientes acerca de este enfoque, suele objetarse la gran demanda de tiempo y compromiso que implica una atención tan focalizada. Para las familias con más de un hijo, la aplicación de estas estrategias puede ser difícil. De igual manera para los maestros de educación regular que pueden estar a cargo de un curso con treinta alumnos.
De todos modos, para quienes se encuentran ya familiarizados con este método, va resultando cada vez más fácil a lo largo del tiempo desarrollar estrategias intuitivas y dinámicas acorde se van presentando los desafíos, además todo el esfuerzo invertido volvería con creces ya que a medida que se avanza cada niño comienza también a desarrollar sus propias herramientas dentro de su proceso de autoaprendizaje.
Para concluir, podemos afirmar que incluso a través de sus equívocos y rabietas los niños no están experimentando otra cosa que el desarrollo de su potencial personal y que una disciplina saludable es la que los ayude a desarrollar su sentido de la autonomía de manera provechosa y adecuada.
Proporcionar una orientación efectiva y afectiva es un reto para todos los padres. Pero también es una gran oportunidad y una aventura: la de su propio proceso de autoaprendizaje.

Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar
Twitter:@MartinezLuisEdu

Fuentes:
- www.positivediscipline.com/
- www.janenelsen.com/
- Disciplina positiva y niños con desarrollo atípico: http://www.abilitypath.org/
- Carl E. Pickhardt, Ph.D Trastornos de la atención.



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