Martes 22 de Julio de 2014 | 16:20

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Publicación de interés para aquellas personas que de una u otra forma estén vinculadas con el tema de la discapacidad y para el público en gral.

Agrotóxicos y contaminación

Cuando los modelos productivos discapacitan

A mediados del mes pasado se realizó en el Congreso de la Nación la jornada 'Observatorio del Glifosato', convocada por la diputada nacional Julia Argentina Perié y de la que participaron más de 140 representantes de distintas organizaciones. La diputada es autora de un proyecto de ley de prohibición de Glifosato, un agrotóxico acusado de provocar serias discapacidades en distintas poblaciones rurales de todo el país. Pero la tragedia ambiental no termina con esta sustancia y la actividad sojera, son varias las industrias y negocios responsabilizados en todo el país de generar graves discapacidades y malformaciones. ¿Será el área ambiental el nuevo campo de concientización y el gran desafío para las sectores y colectivos de discapacidad?

Cuando los modelos productivos discapacitan

En un momento histórico donde la ciencia se enfrenta a sus propios límites y los nuevos paradigmas médicos intentan volver a abordar al ser humano como una unidad, sería absurdo pretender escindir al hombre de su ambiente y negar que ambos están atravesados por las mismas problemáticas.
El pasado 11 de agosto se llevó adelante en el Congreso de la Nación la jornada “Observatorio del Glifosato”, convocada por la diputada nacional Julia Argentina Perié. En el encuentro participaron más de 140 profesionales y especialistas de distintas organizaciones de todo el país, preocupados por las terribles consecuencias que el uso de agrotóxicos está causando en el ambiente y en los pobladores de las áreas rurales.
La diputada Perié es autora de un proyecto de ley acerca del controvertido herbicida glifosato, acusado de causar serias malformaciones y discapacidades en comunidades rurales de distintas regiones argentinas. Con la convocatoria a este observatorio se reanudaron las denuncias y los pedidos de prohibición del empleo de esta sustancia considerada como agrotóxico.
En dicho encuentro, uno de los testimonios más contundentes lo brindó el investigador y científico Hugo Gómez Demaio, jefe del Laboratorio de Biología Molecular de Misiones, quien aseguró que el 86,6% de los niños de hasta dos años de la Colonia Alicia, localidad misionera, padece algún retraso mental demostrable provocado por la aspersión de agrotóxicos. Gómez Demaio afirmó además que “se detectan 60 niños por año con malformaciones” y que el contacto con estas sustancias provoca “modificaciones en su genoma humano” que continuarán transmitiéndose en la descendencia.
Asimismo, Demaio señaló que las malformaciones no son las únicas consecuencias del contacto con los agrotóxicos, el científico remarcó que también provocaría, entre otras dolencias, diferentes tipos de cáncer, insuficiencia renal, enfermedades respiratorias y hepáticas.
En un reciente informe, Francisco Vargas Marcos, Subdirector General de Sanidad Ambiental y Salud Laboral del Ministerio de Sanidad y Consumo de España, afirmó que en los países industrializados “un 20% de la incidencia total de enfermedades puede atribuirse a factores medioambientales. En Europa, una gran proporción de muertes y años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) en el grupo en edad infantil es atribuible a la contaminación del aire interior y exterior. Un dato significativo es que 1/3 de las muertes en el grupo de edad de 0-19 años es atribuible a exposiciones ambientales: contaminación del aire interno y externo, agua y saneamiento, sustancias y preparados químicos y lesiones producidas por accidentes”.
Sin dudas la desigualdad y la explotación social insertas en los sistemas de explotación natural son dos factores de gran incidencia para que también en los países en vías de desarrollo el daño ambiental genere a su vez graves consecuencias para la salud humana. Al menos así lo demuestran investigaciones llevadas adelante en toda Latinoamérica.
En un reciente comunicado, la Red Latinoamericana de Organizaciones No Gubernamentales de Personas con Discapacidad y sus Familias (RIADIS), publicó un contundente texto titulado “Agrotóxicos y salud: enfermedades y discapacidades prevenibles”. En el mismo, Ana Dones notificó que el Comité Ecuatoriano Inter Institucional sobre las Fumigaciones (CIF) “comprobó, dentro de Ecuador, el impacto de las fumigaciones colombianas del Plan Colombia, a dos, cinco y diez kilómetros de la frontera. Afecciones respiratorias, digestivas, de la piel y oculares. Riesgo de cáncer, de malformaciones congénitas y de abortos espontáneos, los que aumentaron en un 800 por ciento en dicho país”.
Según la misma organización, nuestro país no se queda atrás, por el contrario: “En Argentina, los casos de malformaciones por contacto con agroquímicos superan diez veces la media. La estadística normal de casos de malformación del tubo neural es de uno en cada mil niños nacidos vivos, pero en Misiones la estadística es de doce casos de malformación por cada mil. El 87% de los casos de malformación se registran generalmente en pacientes que habitan en zonas rurales y están en permanente contacto con agroquímicos, son hijos de trabajadores de las plantaciones de tabaco y yerba mate”, asegura la prestigiosa entidad.
Riadis, red conformada por organizaciones de personas con discapacidad de diecinueve países de América Latina y el Caribe, hizo hincapié en dos sustancias agroquímicas como las principales responsables en Latinoamérica de esta tragedia ambiental.
Por un lado, la crítica más dura está dirigida a la Dioxina o Agente Naranja, “sustancia usada en Viet Nam y que se sigue utilizando en Misiones en las plantaciones de tabaco, a pesar de que se conoce su alto grado de toxicidad. El agente naranja produce graves alteraciones en el organismo como, vómitos, ataques de epilepsia, edemas de pulmón, arritmias cardíacas que derivan en muerte y severas discapacidades neurológicas como mielomeningocele, espina bífida, retardo mental grave”.
Y en segundo lugar, Dones habla puntualmente del glifosato. “Otro tema que incumbe a los países del MERCOSUR es el floreciente negocio de la soja, cuyo principal agroquímico es el tristemente célebre Roundup de Monsanto (glifosato). Sólo en el año 2007 el cultivo de soja consumió el 94% de glifosato usado en la Argentina, unos 178 millones de litros y esta cifra aumenta cada año con el incremento de la superficie sembrada. Las consecuencias del glifosato para la salud son cada vez más evidentes para el mundo pero pareciera que para América del Sur ese no fuera un problema, las mismas enfermedades y discapacidades antes comentadas se viven en todas las zonas rurales donde se cultiva la soja. El médico Rodolfo Páramo, del Hospital de Malabrigo, Santa Fe, reveló que la proporción de nacimientos de bebés con malformaciones es muy grande, como así también los distintos tipos de cáncer. Y advirtió contra el uso indiscriminado del glifosato, el ‘cual no se degrada al contacto con la tierra’”.
Si bien para la diputada Perié es importante el haber llegado a una instancia de concientización en el Congreso de la Nación, queda pendiente el articulado del proyecto de ley y la recolección de la mayor cantidad de firmas del resto de los diputados de todos los bloques y provincias, para que éste pueda ser tratado lo antes posible en la Cámara baja.
Por otra, los agrotóxicos no son los únicos responsables en el país de causar malformaciones y discapacidades; los contaminantes vertidos a lo largo de todo el Río de la Plata, la explotación minera a cielo abierto y los vertederos de muchas curtiembres en el interior estarían provocando un desastre silencioso del que pocos medios quieren hacerse eco.
Ante este panorama aterrador, ¿ha llegado el momento de que las áreas oficiales y las organizaciones de la sociedad civil involucradas con la discapacidad se hagan eco de esta tragedia ambiental y humana?

El fantasma del glifosato
El glifosato es un cuestionado componente del herbicida Roundup, de la empresa Monsanto, utilizado comúnmente para la eliminación de hierbas y arbustos en extensos territorios donde se cultiva soja (alrededor del 60% del área cultivable de Argentina).
Ante la gran cantidad de denuncias recibidas sobre los posibles efectos tóxicos de esta sustancia, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner instauró en febrero pasado la Comisión Nacional de Investigación para hacer un seguimiento sobre sus efectos en la población.
Una de las mayores denunciantes y autora de un proyecto de ley para la prohibición del uso de glifosato es la Diputada Nacional Julia Perié, quien junto a especialistas como el doctor Juan Carlos Demaio, el científico Andrés Carrasco y la abogada Graciela Gómez han realizado serios estudios y contundentes acusaciones.
En su proyecto de ley, Perié cita las pesquisas de Andrés Carrasco, investigador de la UBA y el Conicet, “quien confirmó mediante ensayos de laboratorio el efecto devastador del glifosato en embriones, aun en dosis muy por debajo de las utilizadas en los campos de soja. Manifestó, ‘No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron y, sobre todo, lo que centenares de pueblos fumigados vienen denunciando’. Desde entonces, fue blanco de presiones de las empresas del ramo y sufrió amenazas e intimidaciones. El científico defendió su investigación y aseguró que “nada justifica el silencio cuando se trata de la salud pública”.
Entre distintos referentes médicos y científicos, en el proyecto se citan los hallazgos de distintos médicos de las provincias más afectadas por estas sustancias. Según consta en el escrito adjunto del Dr. Alejandro Oliva, médico e investigador y encabezado por el Hospital Italiano de Rosario, se vincularon malformaciones, cáncer y problemas reproductivos con exposiciones a contaminantes, entre ellos el glifosato y sus agregados. “Los hallazgos fueron contundentes en cuanto a los efectos de los pesticidas y solventes”, afirma Oliva.  El estudio abarcó seis pueblos de la pampa húmeda y encontró “relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos”.
También se cita al Dr. Rodolfo Páramo de la provincia de Santa Fe, quien relacionó los agroquímicos con el cáncer en la localidad de Malabrigo. “El médico destacó que en esa localidad del sur del departamento Gral. Obligado en menos de un año nacieron 12 chicos con malformaciones. Dijo que el glifosato no se degrada al contacto con la tierra, y que ‘no nos damos cuenta que nos están matando de manera lenta y profunda’”.
Pero sin dudas uno de los testimonios más concluyentes es el del Dr. Hugo Gómez Demaio, jefe de Cirugía Infantil del Hospital Provincial de Pediatría de Posadas, director del proyecto Uso de agrotóxicos y malformaciones congénitas humanas, quien tiene más de dos décadas investigando el impacto de los agrotóxicos en el genoma humano. “Desde 1987, Demaio comenzó a realizar investigaciones por constantes nacimientos de niños con mielomeningoceles, una falla en el cierre del tubo neural, lo que aparece como la exposición de la médula. ‘Es una enfermedad que produce parálisis de miembros inferiores, incontinencia urinaria y anal, entre otras complicaciones que requieren rehabilitación y un promedio de entre ocho, 10 y hasta 20 operaciones’ (…). Al tomar conocimiento de la gran cantidad de casos en la zona estudiada en Colonia Alicia, se comprobó que los recién nacidos eran hijos de familias afincadas en las zonas tabacaleras donde se utiliza gran cantidad de agrotóxicos, por lo cual se realizaron estudios que permitieron constatar que todos tenían en su cuerpo hidrocarburos policíclicos aromáticos, a los que eran susceptibles. De esta manera, se comenzó a estudiar casos con mielomeningoceles, que Demaio consideró la punta del iceberg, ya que empezamos a estudiar la genotoxicidad, que es la modificación del genoma humano. Fue cuando empezamos a ver que además de mielomeningoceles, se presentaba la genotoxicidad, que es la intoxicación crónica por el uso de estos agrotóxicos”.
La Organización Mundial de la Salud advierte que el glifosato está encuadrado en la máxima categoría entre las sustancias tóxicas para el ser humano, “siendo capaz de romper la cadena de ADN de una célula humana, la que podría continuar con vida y degenerar en enfermedades terminales. En nuestro país, se utilizan entre 180 y 200 millones de litros de este herbicida desarrollado por la multinacional Monsanto y, desde su desembarco en el país, en 1997, se ha expandido hasta las 18 millones de hectáreas”, alega Perié.
Aunque el tema comenzó a salir a la luz con más fuerza a partir del año pasado, las primeras noticias sobre las posibles consecuencias del glifosato en la salud datan del año 2005. En esa época ya se hablaba de que en la provincia de Misiones nacían 5 de cada 1000 niños afectados de Meliomeningocele, reiterándose los casos en las zonas tabacaleras y papeleras, donde se usan agrotóxicos con mayor frecuencia. Uno de los principales portavoces fue el Dr. Demaio, quien ya afinales de la década del 80 comenzó a detectar un gran número de chicos con mal formaciones del sistema nervioso central. “Cuando vemos qué presupuesto tiene para Latinoamérica Monsanto, que tiene su gran agencia acá en Posadas, 30 mil millones de dólares son los que invierten en agrotóxicos para que unos pocos sean muy ricos y para que todos los demás seamos discapacitados”, afirmaba Demaio por ese entonces.
Perié afirma que la problemática ya está siendo retomada por ciudadanos de las áreas urbanas y ve en ello un signo de mayor compromiso social: “un grupo de vecinos de un barrio de Vicente López, se acercó a participar (del Observatorio) con la preocupación de que la empresa concesionaria de los trenes fumiga las vías del tren, y lo hacen cerca de las ventanas de sus casas, por lo que el aire se torna irrespirable”.
A pesar de las presiones del sector agropecuario y de que el tema escapa a la atención de los grandes medios, la diputada Perié se mostró optimista por la repercusión del Observatorio y por el avance del proyecto. Según transmitió en declaraciones para la Asociación de Periodistas Ambientales, “hay más acuerdo de lo que yo pensaba. Estoy gratamente sorprendida con esa respuesta. Siempre la idea es contar con el apoyo de la mayor cantidad de diputados posible y creo que lo estamos logrando. El proyecto lo firmaré y lo presentaré al día siguiente de esta reunión”.

Las curtiembres y el cromo
Según la Agency of Toxic Sustances and Disease Registry (Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades) de los Estados Unidos, la exposición al cromo ocurre al ingerir alimentos o agua contaminados o al respirar aire contaminado en el trabajo. Niveles altos de cromo hexavalente (VI) pueden dañar la nariz y producir cáncer. Ingerir niveles altos de cromo (VI) puede producir, además, anemia o dañar el estómago o los intestinos.
La Agencia asegura además que respirar niveles altos de cromo (VI) puede producir irritación del revestimiento interno de la nariz, úlceras nasales, secreción nasal y problemas respiratorios tales como asma, tos, falta de aliento o respiración jadeada. En animales de laboratorio expuestos al cromo (VI) también se ha observado daño de los espermatozoides y del sistema reproductivo del macho.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS), la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la EPA determinaron asimismo que los compuestos de cromo (VI) son carcinogénicos en seres humanos. En trabajadores, la inhalación de cromo (VI) ha producido cáncer del pulmón.  El cromo (VI) también produce cáncer del pulmón en animales.  En seres humanos y animales expuestos a cromo (VI) en el agua potable se ha observado un aumento de tumores estomacales.
La Universidad de La Habana, Cuba, afirma además que distintos análisis de laboratorio han arrojado evidencias contundentes de que el cromo (VI) puede dañar el ADN e inducir mutaciones genéticas.
Un claro ejemplo se dio en el año 2002, en la ciudad santafesina de Esperanza, que se hizo tristemente conocida a raíz de una denuncia que comprometió seriamente a una fábrica de ladrillos que utilizada para la construcción barro mezclado con deshechos de curtiembres irresposables de la zona, entre ellos el cromo.
Según manifestó en su momento Raúl Cuevas, director del periódico Edición Uno de Esperanza, se realizaron trabajos científicos a instancias de la ONG Organización Vivir y estos estudios “detectaron alarmantes índices de casos de cáncer, especialmente leucemia, y nacimientos de niños con discapacidad y malformaciones congénitas por encima de la media considerada como normal por la Organización Panamericana de la Salud”. Cuevas denunciaba que en Esperanza hay cromo hexavalente en el aire, aludiendo a otros estudios que revelan índices muy superiores a los normales en nacimientos de niños con malformaciones congénitas y discapacidades diversas en la ciudad.
En su reciente disertación sobre contaminación ambiental para el II Congreso de Agua Potable, de la Federación Nacional de Cooperativas de Agua Potable y Otros Servicios Públicos, el Dr. Florencio Castoldi estableció un significativo vínculo entre la contaminación de la industria de la curtiembre y enfermedades y malformaciones en la zona de Esperanza.
El Dr. Castoldi, compartió los resultados un trabajo de tesis doctoral sobre la contaminación del agua en la región y habló de las consecuencias del cromo, y sobre todo el cromo exavalente, y los residuos nitrogenados (residuos de la actividad de curtiembres) sobre el agua y la salud humana.
“Se hizo un análisis estadístico, un censo poblacional, lograron censar 7.800 viviendas que en total fueron 28.600 habitantes (…) y se hizo una correlación estadística, entre todas las variables, la más importante es la ubicación el domicilio actual en los últimos 10 años y las principales enfermedades que aparecían, había una relación estadísticamente significativa de acuerdo a los coeficientes, con las intoxicaciones, las enfermedades cardiovasculares, enfermedades de los huesos, las malformaciones congénitas y enfermedades digestivas. La ciudad de Esperanza es una de las localidades en que aparecen con malformaciones congénitas de las más variadas y las menos frecuentes. Se registraron los casos más raros. Los químicos que se buscaron fueron el cromo, trio exavalente, mercurio, plomo, sulfuro, sulfito, sulfídrico, y los derivados nitrogenados son compuestos químicos que logran ingresar las membranas celulares con corte esquemático de una célula ingresar  a la membrana celular, ingresan al núcleo y llegan al centro del núcleo y alterar algo que es nuestra herencia que es el ADN. Compuestos como el cromo lograron alterar el ADN, ¿por qué lo logran?, porque el ADN esta integrado por compuestos químicos. Los seres humanos somos un compuesto químico, y el ADN cuando se divide y se replica para formar una nueva célula alterada para la que vale, en el caso, una neoplasia, un cáncer ya cuando se alteró va a ir a formar células cancerosas. El problema no sólo reside ahí, el problema está en que cuando nosotros reproducimos y tenemos un ADN alterado se lo vamos a transferir a nuestro hijos, y nuestros hijos a sus hijos”, detalló Castoldi.
Son muchas las curtiembres que existen a lo largo del país y es vital que el Estado controle estrictamente su funcionamiento y el tratamiento de sus residuos, que bien tratados no deberían contaminar el ambiente.
Un caso lamentable de impericia al respecto salió a la luz el pasado junio con la investigación del juez federal de Quilmes, Luis Armella, quien detectó que tres curtiembres del partido que habían sido sobreseídas en una causa por contaminación del Riachuelo, siguieron contaminando las aguas con desperdicios de cromo. Maniobra que fue comprobada por un estudio de los deshechos vertidos por estas empresas a la cuenca del Matanza-Riachuelo.
Y es precisamente el Riachuelo otro de los grandes focos de contaminación, usinas de enfermedad, discapacidad y muerte.

La grosera contaminación en la cuenca del Río de la Plata
La cuenca del Río de la Plata es uno de los ejemplos más groseros e inadmisibles de contaminación ambiental urbana, se ha naturalizado la sensación de que contra ello nada puede hacerse.
En el año 2005 la Federación Nacional de Salud (FNS) de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Asociación de Vecinos de La Boca emitió un comunicado titulado “Cuenca Matanza-Riachuelo: Una vergüenza nacional”. En esta denuncia comunicaban que la contaminación del Río de la Plata produce el doble de muertes de niños, (en lo que iba de ese año), en los partidos de la cuenca en la provincia de Buenos Aires, especialmente en los barrios de La Boca, Barracas y Villa Lugano, de Capital Federal, informando que en la cuenca existían “8500 toneladas de hierro, 67 barcos inactivos y abandonados, 17 cascos hundidos y 4 millones de metros cúbicos de barro contaminado con desperdicios orgánicos e inorgánicos volcados por industrias y desagües cloacales. Lo cual provocaría en la salud de los vecinos aledaños “daños neurológicos, renales, gastroenterológicos, neumonológicos, oftalmológicos, cánceres, mal formaciones, entre otras enfermedades, restando la expectativa de vida. La cuenca posee mas de 100 basurales en la provincia de Buenos Aires y 10 en la Ciudad de Buenos Aires”.
En el primer Informe Especial sobre la Contaminación de la Cuenca Matanza-Riachuelo, emitido en diciembre del año 2003, se había concluido que alrededor de 5 millones de habitantes (según información del INDEC) habitaban esta zona. Y que según se obtuvo de bibliografía médica especializada, el listado de enfermedades presentes eran: leptospirosis, peste, parasitosis, hepatitis, infecciones alimenticias, plumbemia, contaminación e intoxicación por metales pesados e hidrocarburos, afecciones al sistema nervioso central, cáncer, entre otras. Y las enfermedades indicadas como más frecuentes eran las afecciones respiratorias, dermatológicas y digestivas. También se señalaba que una madre con plomo en su organismo, podía  significar una malformación genética en su hijo, y por tanto una discapacidad más que atender.
Para mayo de este año la situación no era muy distinta. Gracias un estudio de la organización Greenpeace, se dio a conocer que la contaminación en las napas de agua en la Cuenca Matanza Riachuelo provocó que el agua de pozo que consume la población asentada sobre la cuenca Matanza-Riachuelo no sea, mayoritariamente, apta para consumo humano. “Se trata de muestras de agua de consumo cuyos análisis microbiológicos indican que no es agua apta para el consumo humano acorde a los valores guía del Código Alimentario Argentino”, expresó Juan Carlos Villalonga, director de Campañas de Greenpeace Argentina, quien sostiene que “esto es una demostración más de que la catastrófica situación ambiental y social que se vive en la Cuenca, no se trata sólo de las aguas contaminadas de Riachuelo, es una Cuenca contaminada que está dañando la salud de la gente”.
La presencia de esta contaminación en el agua de consumo nos da un parámetro claro de lo que sucede en las aguas no tratadas. Para Greenpeace “representa un grave riesgo sanitario para quienes utilizan esta agua (…) Entre sus potenciales enfermedades asociadas se encuentran: diarreas y gastroenteritis con distintas causas y grados de severidad, cólera, hepatitis, giarditis, poliomielitis”.
Como se mencionó anteriormente, no sólo el agua constituye un grave riesgo para la salud de los ciudadanos de los barrios linderos a la costa. Otro peligro lo constituyen los basurales de la zona.
Greenpeace alertó el año pasado que “los rellenos sanitarios traen graves consecuencias en el ambiente y la salud de las personas que viven en sus alrededores. Al descomponerse los residuos, se liberan líquidos lixiviados y gases que son altamente tóxicos. Los líquidos arrastran partículas de residuos y disuelven metales que son vertidos hacia el suelo, lo que contamina las aguas subterráneas con altas concentraciones de sustancias tóxicas como metales pesados, ácidos, compuestos orgánicos sintéticos y volátiles. También se genera la liberación de gases como metano, solventes y otros compuestos orgánicos volátiles, por lo general, clorados. Numerosos estudios en el mundo demuestran que hay una alta incidencia de casos de cáncer en personas que viven cerca de rellenos sanitarios. Entre los recién nacidos los efectos más comunes son el bajo peso y el menor tamaño y un aumento en el riesgo de malformaciones”.
Greenpeace enfatizó la necesidad de establecer un plan de saneamiento que contenga como meta alcanzar el año 2020 con cero vertidos, descargas, emisiones y pérdidas de sustancias peligrosas al Riachuelo, cero descarga de líquidos cloacales en la cuenca y el 100% de agua potable y cloacas para todos los habitantes de la cuenca.

La actividad minera irresponsable
Según han demostrado muchas organizaciones ambientalistas la explotación minera es una de las industrias mayormente ligada a generación de trastornos físicos, ya sea por la cantidad de accidentes que genera como por la contaminación ambiental de los emprendimientos no regulados.
Por citar un ejemplo, en el blog especializado del proyecto Reforma minera*, se comprobó que las localidades de San Rafael, Malargüe  y Gral. Alvear, donde se llevan a cabo diversos proyectos mineros, “existe el índice más alto del país en niños discapacitados y con malformaciones (INDEC 16%) y un 16.3% de mortalidad al nacer, además de un considerable aumento de enfermedades como el cáncer”.
Si hablamos de minería especializada en extracción de uranio los riesgos se evidencian aún más.
“Cuando hablamos de minería de uranio debemos señalar que se trata de una minería de alto riesgo para los trabajadores y para el medioambiente”, afirmó en una nota de opinión Carlos Villalonga, Director Político de Greenpeace Argentina, quien además enfatizó que “el caso de la explotación de uranio, la actividad a escala local y regional no sólo representa riesgos en sí misma sino que además se trata del combustible esencial para alimentar una industria de alto riesgo como es la producción nucleoeléctrica, actividad de la que podríamos prescindir perfectamente, si se hiciera un uso intenso de las energías renovables disponibles en Argentina como en el resto del mundo”.
Un estudio realizado por la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. en 1972 (BEIR 2) determinó que “ningún nivel de radiación, por más insignificante que sea puede considerarse seguro. Esto significa que cualquier exposición de un individuo a radioactividad puede incrementar la posibilidad de contraer cáncer, leucemia o desarrollar un desorden en su salud o un daño genético”.
Reforma minera, completa este dato informando que “cuando la radiación a través de un rayo o una partícula entra en nuestro cuerpo, puede dañar a una célula de tal manera de que esta se multiplique descontroladamente, produciendo un tumor maligno, es decir, cáncer. Según el daño celular puede causar distintas enfermedades: abortos espontáneos, muerte en la infancia, asma, alergias severas, depresión del sistema inmunológico (facilitando infecciones), leucemia, tumores sólidos, defectos al nacimiento, hipertiroidismo, retardo físico y mental en niños, hipertensión arterial en niños y mujeres; además se encontró una conexión con enfermedades cardiacas, anemia y cataratas”.
Mucho se puede hablar sobre esta actividad en el país, quizás una de las más cuestionadas. Sin embargo hacer foco en una de estas tantas industrias de la muerte nos haría perder el foco de una realidad que las entrama: un modelo productivo imperante deshumanizado que genera discapacidad y que está muy ligado a la desigualdad social, generadora a su vez de pobreza, la otra gran fábrica de personas con discapacidad.
Este es el frente donde los grandes programas y las organizaciones más comprometidas están haciendo base para intentar revertir aquellas condiciones desfavorables donde el hombre tiene injerencia y una obligación ética.
De a poco, el conjunto de organizaciones que trabajan por los derechos de las personas con discapacidad deberían comenzar a comprometer sus agendas respecto de este serio panorama mundial. Ya que el nuevo paradigma de la discapacidad sostiene que esta condición es tal cuando el entorno así lo dispone. El ambiente es pues, nuestro entorno primero, fundamental, de él dependemos absolutamente y es en nuestra relación con el ambiente donde podremos espejar nuestra real capacidad de ser humanos.

Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo @yahoo.com.ar

Fuentes:
Ecoportal - El Paranaense - Ecos de Romang - Postales del sur - Riadis - Contaminación del Río Salado. Sus consecuencias. Dr. Florencio Castoldi - Greenpeace Argentina - CTA - La contaminación ambiental como factor determinante de la salud. Francisco Vargas Marcos.

*http://reformaminera.word press.com/

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