Eutanasia: ¿mejor morir?
¿Puede accederse al deseo de morir de aquellas
personas que, postradas, sufriendo y sin
esperanzas, lo piden?
Dos casos al respecto levantaron una polémica en
Italia y España, que se esparció por todo el
mundo. En algunos países la eutanasia es legal; en
otros semipermitida, mientras que la mayoría de
los Estados la asimila al asesinato liso
y llano. El debate sobre este tema se nutre de
distintas posiciones ideológicas, religiosas,
económicas, legales y morales. Lo que en contadas
ocasiones se hace es respetar la voluntad de quien
reclama una buena muerte.
A partir de una serie de casos que han tomado
estado público muy recientemente, el debate sobre
la eutanasia ha recobrado nuevas fuerzas, si bien
no es un tema novedoso, dado que se encuentran
menciones a ella desde la antigüedad clásica.
Se trata nada menos que de proporcionar medios,
realizar actos o dejar de efectuarlos para que
cese la vida de una persona. En la actualidad, hay
quienes prefieren llamarla “muerte asistida”, como
si el eufemismo pudiera atemperar los sentimientos
encontrados que provoca.
La raíz etimológica de la palabra significa
textualmente “mejor muerte” y se la ha clasificado
de diversas maneras. Una de ellas se establece
según que aquel sobre quien recaiga la acción
preste su consentimiento o no.
También se puede producir en forma directa o
positiva, lo que sucede cuando se lleva a cabo
alguna gestión concreta para provocar la muerte, o
indirecta o negativa, en la cual se deja de
realizar una acción que mantiene con vida al
sujeto (desconectar un aparato o no suministrar
una droga, por ejemplo).
Otra forma es el suicidio asistido, en donde se
pone al alcance de alguien impedido algún
elemento, al que de otra manera no podría acceder,
para que el propio interesado realice el acto.
Casos recientes
Piergiorgio Welby era un hombre de 60 años, quien
estaba postrado desde hacía diez a causa de una
distrofia muscular progresiva que contrajera a la
edad de 16, por causa de la cual hubo que
asistirlo mediante un respirador y alimentarlo a
través de una sonda. En los últimos tiempos, sólo
podía comunicarse por el movimiento de sus ojos y
el movimiento de sus labios. Su mayor temor era
morir por asfixia, lo que suele suceder en este
tipo de dolencias.
A pedido expreso del paciente, el doctor Mario
Riccio, anestesiólogo del hospital de Cremona
donde estaba internado, le suministró sedantes y
desconectó el respirador. El 20 de diciembre
pasado se produjo su deceso. Previamente, las
solicitudes judiciales presentadas al respecto
habían negado la autorización y la intervención
del médico produjo múltiples declaraciones a favor
y en contra en los ámbitos político, religioso, de
la medicina y del público en general.
Otro caso similar es el de Inmaculada Echeverría.
Esta mujer de Navarra, España, tiene 51 años y
sufre una enfermedad idéntica a la de Welby desde
los 11 años. Como aquél, está postrada hace 9 años
y conectada a un aparato que suple sus
deficiencias respiratorias. Se encuentra internada
en el hospital San Rafael de Andalucía, y el 20 de
noviembre del año pasado presentó un pedido ante
las autoridades de Granada para que se
desconectara el respirador. Adujo que sola y sin
posibilidades de mejoría, seguir con vida no tiene
sentido para ella. La mujer apenas mueve los dedos
de manos y pies y, pese a haber perdido parte de
la musculatura de cara y lengua, logra comunicarse
mediante la palabra.
Si bien el Comité Autonómico de Ética autorizó su
desconexión, todavía falta que ésta sea avalada
por el Consejo Consultivo Andaluz.
En Argentina, el 9 de febrero de 2005, la Suprema
Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires
negó el pedido realizado por el marido de
suspensión de la hidratación y alimentación de una
mujer que se encuentra en estado vegetativo, tras
sufrir una falta de oxigenación prolongada
posparto. Ella respira por sus propios medios,
pero su daño cerebral es irreversible. El esposo
adujo en su presentación que el estado que
presenta su cónyuge resulta en un daño psicológico
para él y sus hijos. Los padres y hermanos de la
paciente se opusieron a tal medida.
El fallo señala que no consta por ningún medio
fehaciente que la mujer haya expresado su voluntad
en tal sentido, además de hacer hincapié en
consideraciones éticas, morales y religiosas.
Las argumentaciones en pro y en contra de esta
práctica no pueden dejar de lado concepciones
filosóficas, éticas, morales, religiosas, sociales
y políticas. Desde distintas posiciones se
manifiestan puntos de vista diametralmente
diversos.
A favor
Quienes están de acuerdo, sostienen que nadie
sino el propio interesado puede decidir acerca de
su vida. Señalan que la libertad de conciencia y
de disposición sobre la propia existencia deben
privar ante imposiciones legales y religiosas.
Otro de los argumentos que esgrimen se basa en que
mantener a alguien con vida artificialmente
contraría las leyes naturales, constituye un
exceso de la medicina y vulnera los derechos de
las personas, además de prolongar el sufrimiento
físico o moral.
Welby, por su parte, temía la muerte por asfixia,
final ineludible de su enfermedad, por lo cual
prefirió adelantarla en forma incruenta.
Inmaculada sostiene que esta harta de vivir así,
dependiendo de todos y sufriendo. Ella prefiere no
continuar.
Ginés González García, el Ministro de Salud
argentino, quiere llevar adelante un debate sobre
la cuestión. En una entrevista concedida a Clarín,
afirma: “Hoy se produce una lentificación de la
muerte que a veces lleva al encarnizamiento. Yo no
propicio la eutanasia, pero creo que tenemos que
discutir hasta dónde llega la frontera para
preservar la dignidad humana”.
En contra
En general, quienes se oponen a la eutanasia
ponen el acento en el valor irrenunciable de la
vida humana. Fundados en aspectos religiosos,
morales y éticos de signo opuesto a quienes
favorecen esta práctica, muy a menudo recaen en
postulados imperativos, resaltando que la
existencia es un don de Dios. Recientemente el
Papa, en el rezo del Angelus, la condenó, junto
con el aborto y las uniones homosexuales, en una
extraña mezcla. En su discurso, Benedicto XVI
expresó: que “no se debe caer en el engaño de
pensar que se puede disponer de la vida”.
La mayoría de las asociaciones médicas no avalan
su consumación, por el deber que tienen estos
profesionales de hacer todo lo posible por
mantener en curso la salud y la vida de las
personas, presentes en el juramento que prestan al
recibirse.
La eutanasia en el mundo
En distintos lugares del mundo, la eutanasia
está permitida o reprimida levemente, aunque con
sus características peculiares:
Holanda: desde el 1/4/2000, una ley permite que
los enfermos terminales sean asistidos por los
médicos para morir incruentamente, aunque no se
eliminan como figuras penales la eutanasia y el
suicidio asistido. Para ello, es necesario que el
paciente exprese su voluntad en forma fehaciente y
que el profesional consulte al menos con un colega
sobre la terminalidad del enfermo, quien deberá
certificarla. Desde los 16 años, la sola expresión
de este deseo habilita para llevarla a cabo, y
desde los 12 hasta esa edad, es requisito el
consentimiento de los padres.
En Bélgica, la situación es similar a la holandesa
desde la legalización de la eutanasia a partir del
22/8/2002, pudiendo realizar esta opción sólo los
mayores de 18 años. Se prevé la ayuda del Estado
en caso de que la persona carezca de medios y se
contempla la posibilidad de que sea requerida por
una persona que no se halle en estado terminal.
En Colombia, si bien no se la permite, las penas
son leves. La figura legal es “homicidio por
piedad”, con condenas de 6 meses a 3 años. En
España, la situación es similar. En Canadá ocurre
otro tanto, y suelen minimizarse las condenas bajo
el rótulo de “muerte por piedad”.
En Uruguay, la legislación la permite desde 1934,
con el requisito de que el paciente la solicite
reiteradamente. No ocurre lo mismo con el suicidio
asistido, el que es considerado un delito.
En el Estado de California, EE.UU., algunos fallos
judiciales abogan a favor de que la Constitución
de dicho país garantice el derecho de cada
paciente terminal a acabar con su vida. En Oregon,
se aprobó una ley en este sentido en 1994 mediante
un plebiscito. Entró a regir en 1997, y en 2001 la
administración Bush intentó derogarla, lo que
provocó un fallo de la Suprema Corte,
estableciendo que el gobierno federal no podía
tomarse tales atribuciones.
El Código Penal brasileño la considera un delito,
pero se halla en trámite desde larga data un
proyecto de ley para establecer los requisitos que
permitan la legalización de la “muerte sin dolor”.
En Australia se la permitió desde el 1/7/1997
hasta el 24/3/1998, fecha en que fue derogada la
ley que le daba curso.
La Asociación Médica Mundial se expidió en forma
negativa hacia la eutanasia, considerando que ella
viola las normas éticas de la profesión e instando
a sus miembros a abstenerse de practicarla, aun
cuando existan leyes en sus países que la
permitan.
Si bien en España se halla prohibida, el Código
Penal se refiere sólo a hechos positivos y
necesarios que conduzcan a la muerte, por lo cual
se hallaría condenada sólo la eutanasia positiva,
lo que deja abierta a la interpretación judicial
la realización de actos como la desconexión de un
respirador. Francia y Suiza admiten la eutanasia
indirecta.
Consideraciones finales
Pese a la oposición de las entidades rectoras
del quehacer médico, en un par de congresos
realizados en Cali y Cartagena (Colombia), un
estudio destacó que el 50% de los médicos que
tratan a pacientes terminales han recibido pedidos
de sus pacientes para que los asistieran en una
muerte sin dolor. Del total de profesionales
encuestados, el 40% admitió que estaría dispuesto
a realizar esta acción, el 8% admitió haber
realizado alguna eutanasia directa y el 30%,
alguna indirecta. Según una compulsa realizada en
España en 2002, el 60% de los facultativos están a
favor de legalizar la eutanasia. En el mismo país,
un estudio reciente destaca que el 76% por ciento
de lo jóvenes entre 15 y 29 años están de acuerdo
con su práctica.
También hubo casos como el de Jack Kevorkian,
quien a principios de los años 90 asistió a gran
número de pacientes a suicidarse, uno de cuyos
casos fue grabado y reproducido por televisión. El
médico fue condenado por asesinato.
Los debates en España e Italia por los casos
apuntados ponen de relieve el juego de intereses
de todo tipo, de los que no están ajenos los
ámbitos político y económico. En el primero,
sirvió para cruzar posturas conservadoras,
liberales y de izquierda por simples cuestiones
ideológicas y de poder. En el segundo, porque la
legalización de la eutanasia significaría la
pérdida de una importante fuente de ingresos para
algunas instituciones médicas y sus proveedores
(en España solamente hay cerca de 35.000 personas
en la condición de postrados que requieren de
algún tipo de asistencia), que recaudan de los
seguros sociales del Estado o del peculio de los
propios pacientes o sus allegados.
Si el problema de aceptar la eutanasia de
pacientes que manifiestan su voluntad de
realizarla es arduo, mucho más es en el caso de
aquellos que, como Terri Schiavo, la
norteamericana que estuvo 15 años conectada a un
respirador en estado vegetativo, no pueden
expresarla.
Parece necesario establecer una discusión seria al
respecto y sobre el aborto, en la que seguramente
no pueden estar ausentes las posiciones
religiosas, éticas, morales y políticas presentes
en la sociedad. Pero sobre todo, habría que
escuchar a quienes padecen, que son aquellos
reales y casi únicos interesa-dos en que se llegue
a una buena decisión, que quizás será una buena
muerte.
Para quienes quieran saber qué piensa y siente
alguien que estuvo en ese predicamento, sugerimos
visitar http://destiladospentaplejicos.blogspot.com/
Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar