En un mundo pensado y construido para un estándar
de vida y de individuos, las personas con baja
estatura deben realizar el doble de esfuerzo para
llevar adelante cualquier tarea cotidiana y
conseguir su lugar en la sociedad. Sumado a ello
enfrentan, no sin una fuerte organización
colectiva, las burlas y la subestimación de una
sociedad que desconoce su realidad y sus
capacidades.
La acondroplasia es una de las más frecuentes
manifestaciones de enanismo. Se trata de un
trastorno genético de crecimiento óseo. A partir
de los avances en investigación, hoy se puede
tener una mayor perspectiva de los problemas de
salud asociados y de las herramientas necesarias
para lograr una mejor calidad de vida.
A finales del año pasado se celebró en Guijón,
España, el III Encuentro Internacional en torno a
la Acondroplasia, bajo el lema “Tejiendo redes”.
Dentro del amplio temario desarrollado se elaboró
un documento para pedir a la UNESCO (Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura) que el enanismo sea
considerado como discapacidad, con todos los
derechos que ello implica.
En el encuentro participaron, entre otros,
representantes de organizaciones de Estados
Unidos, Colombia, Perú, Argentina, Uruguay,
Guatemala e Italia. Este gran paso fue acompañado
por catorce mesas de debate en las que se
abordaron, entre otros temas, la estimulación
temprana en la acondroplasia, el alargamiento
óseo, estrategias de búsqueda de empleo y la
estigmatización social, debatiendo sobre la
exclusión social a la que las personas pequeñas
son sometidas y cómo ésta se materializa en
injusticias relacionadas con el acceso a los
recursos económicos, al mundo laboral, como
también con vejaciones y burlas de todo tipo.
Iniciativas como ésta logran que la acondroplasia
deje de ser un trastorno desconocido formalmente,
quedando a merced de un tratamiento social y
mediático peyorativo, inmaduro y burlesco.
Origen y características
La acondroplasia es un trastorno genético dentro
de una amplia variedad de condiciones que generan
enanismo óseo. Si bien el término Acondroplasia lo
propuso Parrot en 1878 (proviene del griego
chondros = cartílago y plasis = formación), la
existencia de este trastorno congénito está
registrada en pinturas del antiguo Egipto y en la
literatura y artes plásticas mundiales desde
tiempos remotos. De hecho, en Inglaterra, el
investigador Brinton, halló un esqueleto bien
conservado que pertenecería a un acondroplásico y
que dataría de la época neolítica (más de 7.000
años).
La acondroplasia se produce debido a una
alteración en la información genética de las
células que hacen que los huesos crezcan a lo
largo. Específicamente esta falla se provoca en un
gen (denominado receptor 3 del factor de
crecimiento del fibroblasto) que se encuentra en
el cromosoma 4. La acondroplasia se manifiesta
espontáneamente en una mutación que tiene lugar
por azar, con una incidencia de aproximadamente
uno cada veinte mil nacimientos. Se sabe que cerca
del noventa por ciento de los niños con
acondroplasia no poseen antecedentes en su
familia. Entrando en detalle, si uno de sus padres
sufre de esta afección y el otro no, existiría un
50% de posibilidades de que el bebé porte
acondroplasia. En cambio, si ambos progenitores
poseen el trastorno, hablamos de una probabilidad
del 50% de que el niño la herede, una probabilidad
del 25% de que no la herede y una probabilidad del
25% de que herede un gen anormal de cada uno de
sus padres, resultando en graves anomalías en el
esqueleto que concluirían en una muerte prematura.
También se sabe que si el niño no hereda la
enfermedad, no existe forma de que en un futuro se
transmita a sus hijos. Según investigaciones
realizadas se concluye además que existen muy
remotas posibilidades de que se de a luz un
segundo hijo con acondroplasia.
La expectativa de vida y el coeficiente
intelectual de las personas con acondroplasia son
los mismos que los de las personas de talla
normal. Pero sí existen consecuencias físicas que
traen aparejadas distintas problemáticas.
Entre el conjunto de características determinantes
encontramos:
- Estatura en la adultez promedio de 124 cm. para
las mujeres y 131 cm. para los hombres.
- Miembros cortos y muchas veces incurvados.
- Macrocefalia (cabeza grande).
- Retraso del crecimiento.
- Tórax estrecho y pequeño.
- Hipotonía al nacer.
La facultades cognitivas de los niños nacidos con
acondroplasia son absolutamente normales, como
también su desempeño escolar. En este sentido, si
bien no se conoce un tratamiento curativo, los
padres no tienen que preocuparse por la aparición
de trastornos severos asociados. Además, existen
actualmente avances en el conocimiento de los
orígenes de la discapacidad, como también en la
prevención y tratamiento de posibles
complicaciones. Estas complicaciones asociadas
pueden ser:
- Infecciones en la garganta y en los oídos.
- Problemas en la caja torácica y en la columna
vertebral.
- Dolor de articulaciones.
- Predisposición a sufrir otitis a repetición e
hipoacusia debido a alteraciones a nivel del oído
medio, que tienen como base la modificación del
crecimiento óseo del macizo facial.
- Mayor compromiso ante infecciones respiratorias.
Debido a esto se aconseja que los niños con
acondroplasia tengan un seguimiento pediátrico
periódico y regular.
Diagnóstico y cuidados
Existen métodos genéticos para confirmar la
acondroplasia, pero no son estrictamente
necesarios. Los cuidados y la atención normal de
un embarazo son capaces de diagnosticarla, ya que
el retraso de crecimiento y la presencia de
miembros cortos son visibles en una ecografía.
Durante el primar año de vida se aconsejan los
controles habituales por parte de un médico
pediatra de cabecera que, en coordinación con un
grupo multidisciplinario pueda atender los
aspectos puntuales de este trastorno.
Dentro de este primer abordaje pediátrico es
importante la evaluación del tono muscular y la
fuerza del bebé, como también su crecimiento
cefálico y general.
Se aconseja a los padres no alarmarse ante el
desarrollo tardío de actividades propias de la
edad como sentarse, rolar, erguirse y caminar, ya
que esto se debe a la comúnmente escasa tonicidad
muscular.
Sí será necesario vigilar los catarros y los
síntomas de otitis y dificultad respiratoria al
dormir, para que el pediatra pueda tomar medidas
que eviten que algunos de estos síntomas y
malestares se vuelvan crónicos.
Durante la etapa escolar es fundamental que los
padres no desarrollen actitudes sobreprotectoras,
sino, por el contrario, que permitan que los niños
desenvuelvan sus propias herramientas de
socialización y adaptación. Por lo tanto se
aconseja también la práctica de variadas
actividades físicas que permitan desarrollar la
autoestima y estimularlos en las relaciones
sociales.
En la adolescencia no han de esperarse
complicaciones, ya que el desarrollo fisiológico y
hormonal es normal en relación a cualquier joven.
En la entrada a la vida adulta si se deberá
prestar atención a posibles dolores en la región
baja de la espalda (lumbalgia), para evitar la
futura irrupción de la disminución de la fuerza
muscular en los miembros o parestesias (hormigueo,
sensación de pinchazo). Dichos síntomas requerirán
de una evaluación específica por parte del
neurólogo.
Cuidados específicos
La siguiente es una tabla de cuidados
específicos en relación a posibles malestares
propios de la acondroplasia.
- Miembros: desde los primeros meses de vida
existe una tendencia en la columna lumbar y en la
cintura a tomar una forma cifótica (incurvada en
el perfil), que progresivamente cambia cuando
comienzan a caminar para volverse lordótica (con
la cola salida). Se aconseja, pues, durante la
infancia, controlar la evolución de la columna
vertebral. En los miembros inferiores se observa
una tendencia al varo (con forma de paréntesis),
que avanza cuando los niños afectados comienzan a
caminar y crecer. Cuando esta posición es
progresiva, puede ser necesaria la corrección por
medio de cirugía. Se recomienda también no
utilizar cochecitos con espaldares blandos para el
traslado y no apurar la posición de sentado.
- Cabeza: La alteración del crecimiento óseo del
macizo facial (tercio medio de la cara más
pequeño) predispone a alteraciones a nivel del
oído medio que se manifiestan por otitis a
repetición e hipoacusia, sobre todo en invierno.
Los tratamientos indicados varían, en cada caso en
particular, desde la medicación antibiótica hasta
la cirugía y/o el equipamiento audioprotésico.
También es común la insuficiencia ventilatoria
nasal cuando la obstrucción respiratoria es muy
marcada es probable que tenga que indicarse la
extirpación de amígdalas y/o adenoides. También se
recomienda realizar una audiometría de control
antes del ingreso escolar y cuidar la higiene
dental y el control del uso de chupetes y
mamaderas.
- Desarrollo motor: Como se refirió anteriormente,
los niños acondroplásicos pueden tener retraso en
el desarrollo motor. Si bien la hipotonía muscular
mejora con el tiempo, es necesario seguir de cerca
los movimientos de los niños y sumar un abordaje
en estimulación temprana. Según estudios, se sabe
que también un pequeño grupo de niños puede
desarrollar complicaciones neurológicas de
importancia, de allí la invitación a realizar
consultas a un grupo integral de profesionales
médicos bajo la supervisión del pediatra.
El estigma social
Si bien es un tema que puede causar dolor, es
necesario que los padres estimulen la autoestima
de las niñas y niños nacidos con acondroplasia y
los preparen para defenderse, adquirir confianza y
luchar por sus derechos a autorrealizarse, ya que
la sociedad “adulta” tiende a ignorarlos y pasar
sobre ellos.
Desde tiempos antiguos, la figura de las personas
de talla baja ha sido estigmatizada, incomprendida
y ridiculizada por distintas culturas y
sociedades. Bufones, fenómenos, seres mágicos,
subnormales, fueron diferentes categorías en que
quedaron capturados y que aún hoy generan
consecuencias negativas y nefastas. Parte de estos
estigmas que la sociedad moderna arrastra por
ignorancia e inmadurez tiene que ver con igualar
estatura física con retraso o debilidad mental.
Por otra parte, siendo un colectivo tan numeroso
en el mundo entero, casi no hay una conciencia
social formada al respecto de sus verdaderas
necesidades, como tampoco información seria sobre
la real naturaleza del enanismo.
Un mundo hecho a la medida de personas altas marca
una barrera insondable que separa a las personas
de talla baja del acceso a fuentes dignas de
trabajo, el transporte, los foros sociales, la
legislación y la consideración comunitaria. Se
suma a ello la falta de respeto al espacio
personal, y el avasallamiento irreverente del que
son víctimas por parte de las personas de talla
alta. En relación a muchos cuidados que se
mantienen socialmente hacia otras discapacidades,
Carmen Alonso de Fundación Alpe señaló en la
presentación del libro “Mi (in) dignidad en tus
manos”1, que “una persona enana, además de la
lógica atención que despierta lo extraño, lo
diferente, provoca sentimientos de comicidad que
no se interpretan automáticamente como algo malo y
a los que se deja aflorar con facilidad. Es decir,
que mientras que otras personas con discapacidad
provocan compasión y empatía, el enanismo provoca
risa o, al menos, la conciencia de que podría
provocar risa. Y la risa, como todo el mundo sabe,
es buena. Y cruel. Las personas con acondroplasia
aprenden a ver hasta los más sutiles signos de
esta conciencia de que son, y llevan consigo, al
‘enano’. Es como si una persona con acondroplasia
llevara siempre tomado de la mano a un ser
diminuto e hilarante. No es él mismo, no es su
propio ser, pero jamás se separará de él. Pero
sigamos: esta diferencia provoca también en los
demás sentimientos encontrados, como la
incomodidad, la falta de naturalidad, la culpa, o
incluso el temor, un temor inconsciente, a lo
diferente. Incluso las personas más sensibles o
delicadas (me refiero a una delicadeza
sentimental, sea natural o aprendida) sienten esta
pequeña incomodidad. A veces, a las personas
acondroplásicas, no se las trata con grosería (lo
cual ocurre, de todos modos, en más ocasiones de
las que muchos creen), sino con… distancia, recelo
o falta de consideración”.
Y frente a esta dura realidad es muy necesario que
los profesionales médicos acompañen a las familias
y a las asociaciones del colectivo de personas de
talla baja, actualizándose respecto a este
trastorno y colaborando tanto en las
investigaciones como en su difusión. Para evitar
casos como el sucedido recientemente en Andalucía,
donde una niña acondroplásica de 9 meses murió por
culpa del desinterés y escasa información médica.
Lamentablemente no es de extrañar que conozcamos
distintos artistas, políticos, profesionales,
referentes sociales, líderes con discapacidades
como la ceguera o que se trasladen en sillas de
ruedas, pero nos sería imposible reconocer en
ellos a personas de talla baja. Esto demuestra el
grado silencioso y altísimo de discriminación
hacia este colectivo del que sólo tenemos
referencias claras en espectáculos de humor,
publicidades vergonzantes y películas de ciencia
ficción o fantasía.
Es momento, en este período de reivindicaciones
sociales, donde tenemos la obligación de formarnos
y accionar seriamente sobre las necesidades de las
personas de talla baja y comprometernos a
construir una sociedad que pueda dejar de
avergonzarse de actitudes tan retrógradas y
pueriles como la estigmatización por altura física
o discapacidad.
Luis Eduardo Martínez*
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar
Fuentes:
Hospital Garrahan, Fundación Alpe.
Datos de interés e instituciones relacionadas:
- Hospital de Pediatría “Prof. Dr. Juan P.
Garrahan”. Servicio de Crecimiento y Desarrollo
(Sector Verde - P.B.). Tel.: (011) 4308-5323 /
E-mail: vfano@garrahan.gov.ar
- Asociación Civil Zoe. Tel.: (011) 4739-7587 /
4788-5444 / 4642-5651. www.geocities.com/zoe_ac /
E- mail : zoe_ac@yahoo.com.ar
- http://www.pequenosgigantes.com/ (Asociación de
Colombia)
- http://littlepeopleguatemala.blog spot.com
(Asociación Gente Pequeña de Guatemala).
- http://www.acondroplasia.com (Fundación Magar de
España).
- http://www.netcom.es/acondro (Fundación Alpe de
España).
Nota:
1- “Mi (in) dignidad en tus manos, otra mirada a
la exclusión social desde la perspectiva de las
personas con acondroplasia”, Saulo Fernández
Arregui.