Este es el texto que reemplazará la película flash
Publicación de interés para aquellas personas que de una u otra forma estén vinculadas con el tema de la discapacidad y para el público en general.
10-09-2010
 
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Trastornos del lenguaje
Afasia: cuando se pierde la palabra
Uno de los trastornos del lenguaje más comunes es la afasia. 80.000 personas contraen esta disfunción cada año en el mundo. Consiste en la dificultad para comunicarse por medio de la palabra hablada, sea en su emisión o en su comprensión, producto de una lesión en el cerebro. Con una adecuada rehabilitación es posible recuperar gran parte de esta capacidad o de sustituirla por otras alternativas que mejoren la capacidad comunicativa del sujeto.
 

En una nota anterior (El Cisne Nº 216) nos referíamos a la importancia del lenguaje en la vida de las personas y a sus trastornos, es decir, a una serie de alteraciones y problemas que disminuyen o anulan esta función trascendental para la vida del ser humano.
En esta ocasión, nos ocuparemos de uno de los que habíamos ubicado dentro de los trastornos del lenguaje que en algunas clasificaciones se conocen como orgánicos, que engloban a aquellos producto de distintas afecciones localizadas en el cerebro.
En realidad, las clasificaciones tienen algo de arbitrario y denotan distintas maneras de tratar de comprender fenómenos que, pese a que las investigaciones vienen de largo tiempo atrás, todavía no están absolutamente claros. Sirven, más que nada, para poner cierto orden en la apreciación de esta serie de impedimentos, pero, por ejemplo, las sistematizaciones que hacen referencia a si tal o cual tipo de trastorno proviene o no de alguna otra patología son ociosas, porque la inmensa mayoría de ellos son efecto de alguna afección que los provoca.

Qué es
Se estima que 80.000 personas contraen cada año este trastorno, que implica la pérdida parcial o total de la capacidad de comunicación por medio de la palabra, sea ésta hablada, leída o escrita.
Usualmente, se presenta repentinamente, sin que medie aviso alguno. Más raramente puede desarrollarse como un proceso paulatino, en cual el afectado disminuye gradualmente sus facultades comunicativas.
Lo que la causa es una lesión cerebral, normalmente producida por un accidente cerebrovascular (ACV) o un fuerte traumatismo craneano, pero también se manifiesta por tumores en la cabeza, infecciones u otras patologías que afecten las zonas del encéfalo asociadas con lo relativo a la comprensión y la expresión del lenguaje. El daño por ACV (también llamado Ictus) tiene dos formas: por falta de irrigación (ateroma que obstruye las vías sanguíneas, lo que se conoce como arterioesclerosis) o por derrame en el cerebro (por trombos o coágulos que llegan al cerebro desde otra parte, que producen embolias o trombosis, es decir, obstrucciones). Entre el 21 y el 38% de quienes padecen un ACV tiene secuelas afásicas. La hipertensión arterial potencia la posibilidad de sufrirlo, así como fumar o los excesos de colesterol.
La gravedad de la afasia depende de la magnitud de la lesión. Es muy común que se halle asociada a formas de hemiplejia, generalmente del lado derecho (90/98% de los que presentan esta asociación), puesto que las zonas del cerebro que manejan lo relativo a la palabra se hallan usualmente en el hemisferio izquierdo. Ello es así porque los hemisferios cerebrales controlan la parte del cuerpo opuesta (la mitad derecha la parte izquierda y viceversa). La asociación entre afasia y otras perturbaciones se produce porque si bien hay porciones del cerebro específicas para cada función, éstas no son exclusivas o por adyacencia entre, por ejemplo, las partes que controlan la palabra y el movimiento. Según la extensión del derrame o la obstrucción serán las consecuencias que se padezcan.

Existen múltiples formas, aunque comúnmente se la divide en tres tipos, según las zonas que interesan y sus consecuencias.
1. Afasia de Broca: Lleva este nombre por el Dr. Paul Broca (1824-1880). Este brillante investigador descubrió en 1861 que un paciente con problemas de habla tenía una lesión cerebral. En 1864, tras realizar exámenes postmortem a otros diez que padecieran la misma alteración, determinó que todos ellos presentaban lesiones en la corteza prefrontal inferior, lo que actualmente se conoce como área de Broca, por lo que dedujo que ése era el centro del lenguaje articulado, lo que fue confirmado por investigaciones posteriores.
El habla, en estas personas, se produce con una falta de fluidez llamativa, con frases cortas en las cuales suelen omitirse nexos tales como conjunciones, artículos, etc. En algunos casos se incluye el tartamudeo y la mayoría de las veces la emisión oral es dificultosa. Suelen comprender lo que se les dice, aunque tampoco es raro que se presenten dificultades en ese sentido.
2. Afasia de Wernicke: Como la anterior, ésta lleva el nombre de quien hallara otra área específica de control en el cerebro, la zona de Wernicke. Este investigador (1848-1904) descubrió lo que se denomina afasia sensorial, que, al igual que la de Broca, es resultado de un daño en el encéfalo, pero la ubicación de éste es distinta, puesto que se halla en el lóbulo temporal. Como resultado de ella, si bien los sujetos pueden hablar con total fluidez, tienden a intercalar palabras innecesarias y a producir alocuciones carentes de sentido, incluso con creación de neologismos que no poseen significado alguno para quien los escucha. También tienen dificultades para comprender lo que se les dice. No son conscientes de que sus emisiones resultan incomprensibles.
No resulta corriente que tengan problemas de debilidad física, puesto que la zona en la que se producen las lesiones se hallan alejadas de las que controlan la tonicidad muscular.
3. Afasia global: Este tipo deriva de la afección de zonas extensas del cerebro, por lo cual sus capacidades de comunicación se hallan seriamente alteradas, al punto de que les resulta imposible en los casos más graves.
Hay un tipo extremadamente raro, el síndrome de Landau-Kleffner (o afasia infantil adquirida, afasia epiléptica adquirida, afasia con desorden convulsivo), que no llega a los 200 casos documentados desde 1957, cuando se documentó el primero. El 80% está asociado a epilepsia, y se detecta actividad eléctrica anormal en el cerebro. Se la observa en niños con desarrollo normal entre los 3 y los 7 años, cuando se produce la pérdida gradual o repentina para utilizar y comprender el lenguaje.

Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de la afasia se realiza a través de un examen de un especialista en lenguaje-habla, usualmente un neurólogo. Casi siempre será necesario recurrir a diversos estudios, como la tomografía computarizada, la resonancia magnética o tomografía por emisión de positrones. Siempre se parte de la observación de dificultades de emisión/recepción que no tienen que ver con otras causas.
El tratamiento resulta específico para cada paciente, dependiendo de su edad, su estado de salud, el grado de compromiso, la historia clínica, la tolerancia a ciertos medicamentos, procedimientos y terapias, siempre teniendo en cuenta la opinión de quien ha de ser objeto de éste. El mismo requerirá de terapia del habla-lenguaje, la utilización de ayudas tecnológicas como las computadoras y también la terapia de grupo para el afectado y la gente cercana a él. También pueden resultar de utilidad diversos fármacos (estimulantes y dopaminérgicos), aunque no se han establecido firmemente sus resultados y terapias alternativas.
En algunas ocasiones se producen mejorías espontáneas, sobre todo cuando la interrupción del flujo sanguíneo es transitoria y de breve duración (isquemia temporal). Pero no es lo que sucede en la mayor parte de los casos, en los que los tratamientos requerirán de esfuerzo y paciencia para poner en marcha el resto de las capacidades de comunicación del individuo y para establecer otras nuevas. La recuperación dependerá, como es obvio, de factores tales como la edad, el nivel cultural, la extensión del daño, la voluntad y el compromiso no sólo del paciente sino de su entorno.
En efecto, la afasia, además de repercusiones clínicas, incide psicológicamente en el sujeto, en su vida de relación y en la imagen de sí mismo.
En ese sentido, quienes rodean a una persona afásica pueden ayudarla mediante acciones muy sencillas:
- Simplificando el lenguaje. Ello se realiza utilizando frases cortas, carentes de expresiones complicadas.
- Marcando, señalando o repitiendo para aclarar el significado de las oraciones, utilizando sinónimos o recurriendo a otras formas de comunicación como gestos, por ejemplo.
- La inteligencia del sujeto casi siempre está intacta; por ello es necesario que las conversaciones que se mantengan con él sean apropiadas para su edad y que se desarrollen en forma natural.
- Es necesario minimizar las interferencias, como ruidos, radio o televisión encendidas y todo tipo de situaciones que signifiquen una posible distracción y un aumento de la dificultad comunicativa.
- Incluir al afásico en las conversaciones.
- Preguntarle sus opiniones respecto de situaciones que lo conciernan, sea personal, grupal o familiarmente y valorarlas en su justa medida.
- Estimular su comunicación en la forma que ésta sea más conveniente para él, ya se trate de una forma verbal, gestual, por señas, dibujando o a través de una ayuda tecnológica.
- No corregir su habla ni completar sus frases.
- Darle todo el tiempo que necesite para concretar su expresión.
- Ayudarlo y alentarlo para realizar actividades fuera del hogar.
- Conectarlo con grupos de personas en su misma condición, en los que, además de poder compartir sus experiencias, hallará nuevos horizontes para su recuperación.
- Instarlo y asistirlo para que concurra a su terapia.
La mayoría de las personas desconocen qué es ser un afásico. Estos encuentran barreras similares a lo que son las arquitectónicas para quienes tienen dificultades motrices, por ejemplo. Como no saben qué les pasa, los interlocutores se impacientan, o creen que se hallan frente a un demente o a alguien con un problema de retraso, o hasta que se trata de alguien que consume drogas. La intolerancia los lleva a padecer un aislamiento comunicativo que no los beneficia, precisamente.
Por ello es necesario destacar que los individuos con afasia suelen tener una inteligencia normal. Pueden denominar mal una cosa, por ejemplo, vaso a una taza, o crear una palabra para significar “lapicera”; pero cuando tomen agua, lo harán en un vaso y cuando deseen escribir lo harán con una lapicera: lo que se halla afectado es su capacidad comunicativa, no sus facultades de razonamiento e inteligencia, en gran parte de los casos.
Otro aspecto a vencer es la ansiedad y la depresión que provocan los tiempos de recuperación en los pacientes y en su familia, también respecto de si ésta será total o en qué grado. Para que ello no ocurra, es necesario informar a todos los involucrados lo más verazmente posible tanto sobre el insumo temporal como acerca de las posibilidades de mejoría.
También hay que recalcar que, dependiendo del compromiso físico, un afásico puede tener la misma autonomía que cualquier persona. Hay muchos de ellos que, tras haber encontrado estrategias comunicacionales novedosas, han podido regresar a su actividad normal.
Es cierto que muchos no lograrán esto, pero sí mejorar significativamente.
Por otro lado, las expectativas de vida son menores que las normales, aunque van en aumento desde hace años, sobre todo en los países desarrollados.
Las investigaciones sobre la afasia continúan en todo el mundo. Sus resultados son controversiales, tanto en lo que respecta a las formas farmacológicas como a las que no utilizan medicamentos. En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es en que es necesario tomar cada caso y buscar lo mejor para el paciente específico.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

Fuentes de consulta:
- http://www.nidcd.nih.gov/health/spanish/aphasia_span.asp
- http://www.fundafasia.org/
- http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/aphasia.html
- http://healthcare.utah.edu/healthinfo/spanish/ent/landau.htm
- http://www.zonamedica.com.ar/enfermedades/explorar/6/Afasia
- www.afasia.org

 


















 
   
     
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