Autonomía e independencia son dos aspectos de la vida a los que todos los seres humanos aspiramos. En lo que hace a los Down, muchas veces sin quererlo, la familia puede producir estructuras dependientes. En el caso planteado, un muchacho de 19 años fue logrando el pasaje de la inseguridad al autovalimiento. Ello se obtuvo con la implementación de un acompañamiento metódico y progresivo, en el que se fueron dejando atrás los temores. En la actualidad, esta persona no sólo se maneja por sus medios en la ciudad, sino que ha determinado que quiere conseguir un empleo y está dando los pasos pertinentes para lograrlo.
Pensar en el concepto de autonomía es amplio y podría iniciarse este trabajo teniendo en cuenta aquellos momentos de la vida en que ese bebé es soñado como un futuro sujeto independiente con el despliegue de sus posibilidades máximas en la vida, o quizás mucho antes, desde el imaginario situado en el deseo de esos padres hacia el hijo, época de cimiento para lo que vendrá.
Pero haré un recorte y tomaré el proceso hacia la autonomía en lo que refiere al trabajo de tutoría en el acompañamiento a un joven de 19 años con síndrome de Down.
¿Es factible pensar este proceso como un método...?
Entendiendo método, según el diccionario, como la “manera de decir o hacer con orden alguna cosa”. Es posible siempre y cuando ese hacer refiera una modalidad en un orden particular; no sería pensable como una instancia a generalizar, sino como una tarea específica gestada para cada sujeto.
Considerar al otro capaz de autonomía puede despertar en ese deseo descubriendo aquellos caminos que lo ubiquen en otra posición. Se es en la relación con los otros que significan la existencia, una mirada que enmarca el lugar otorgado.
Es preciso transformar el pensar al Sujeto en un lugar de no poder, sosteniéndole así la dependencia. Dependencia necesaria en los inicios de la vida para que pueda gestarse desde allí un camino favorable hacia la independencia.
La autonomía (del griego auto, “uno mismo”, y nomos, “norma”) es, en términos generales, la capacidad de tomar decisiones sin ayuda de otro. Se opone a heteronomía que, en su significado refiere a la “imposición de leyes opuestas a la naturaleza o a deseos del individuo”.
La autonomía está ligada a la noción de libertad, independencia y responsabilidad, objetivos propuestos a lo largo de este camino.
Pero, ¿desde dónde empezar?... El inicio se plantea conociendo al sujeto en cuestión, en sus particularidades, tiempos y modalidad de aprender.
A partir de allí, ofrecerle una mirada que lo contenga, sostenga, acompañe, dé lugar, habilite, resignifique, otorgue sentido a lo particular.
La tarea del autor
Desde esta singular mirada, la tarea estaría orientada en acompañar como facilitador en la construcción de sentidos, en el hacer cotidiano hacia la creación de ese espacio que promueva la aparición del deseo de valerse por sí mismo.
Las oportunidades pueden generarse en tanto haya un otro que habilite ese campo. Dar lugar para que el sujeto pueda hallarse, anclarse, representarse... apropiarse de su particular camino.
Habilitar, según definición del diccionario, es “hacer a una cosa o persona hábil, apta o capaz para aquello que antes no lo era” y ser hábil se define como “capaz, inteligente, y que tiene disposición para el desempeño de cualquier ejercicio, oficio o ministerio”.
Habilitar... movilizar hacia la exploración... un viaje que se inicia desde el encuentro con una posición dinámica.
Acompañar no es dar respuestas desde un supuesto saber acerca del otro, esta posición puede obturar caminos.
Otorgar sentido a lo particular, abrir interrogantes, puede ofrecer una posibilidad para seguir andando.
Transformación en el proceso mismo. En el recorrido se descubre la necesidad. Un recorrido con otro. Vínculo que posibilita construir el sostén necesario que permita el situarse desde el lugar del funcionamiento y la realización para salir al mundo a recorrer los particulares senderos. El propio hacer, las construcciones individuales, los aprendizajes. Descubrir las posibilidades y también los límites.
Sostén que construye, que acompaña, que funde el encuentro de lo interno con lo externo, de lo tónico con lo postural, de la postura con la actitud, de la disponibilidad con la entrega.
Lo tónico arma eje en la postura, de allí parte el movimiento, lo dinámico en el hacer y en tanto se transforme en acciones con un objetivo determinado estaremos hablando de que hay proyectos; éstos serán motorizados por el deseo. Deseo que surge de un necesario silencio de lo que el otro supone que ese sujeto en cuestión debe hacer. Espera activa en quien sostiene en respeto de los tiempos particulares, habilitando un espacio para ser con sentido y significación a lo singular.
Un proyecto en la vida
Desde el pedido de la familia surgía la necesidad de que el joven -en ese momento de 16 años- tuviera la posibilidad de realizar salidas a modo de ejercicios gimnásticos, se trataba de una modalidad de personal trainer. Al escucharlos desde el equipo interdisciplinario surgió otra lectura, la de un posible camino creciente hacia la autonomía, pero, ¿desde dónde plantear el recorrido? De hecho, lo gimnástico, más externo, ligado al ejercicio marcaría un posible rumbo; pero, ¿le sería a ese joven posible enfrentarlo, siendo que, por ejemplo, al caminar tendía a buscar el apoyo corporal en otra persona, caía tónicamente al recorrer pequeñas distancias manifestando cansancio, su desenvolvimiento relacional en la calle se vehiculizaba a través de otro, dando cuenta de situaciones de vergüenza que lo detenían, no pudiendo concretar, por ejemplo, el pedido de un producto deseado en el quiosco? En su círculo social cercano y conocido lograba desplegarse con comodidad, pero había un límite que lo separaba hacia ese afuera en donde existía el desafío de la futura posibilidad de mayor autonomía.
Su dependencia hecha cuerpo en la necesidad de que otro mediara entre él y el mundo ponía en evidencia, desde esta lectura, la necesidad de encontrar su propio sostén que le permitiera abrir esa puerta y salir.
Partiendo de la demanda familiar, conociendo las características particulares del joven, sus preferencias y deseos, se plantea como inicio el promover actividades recreativas al aire libre, tendientes a la organización de su dinámica tónico postural mediante caminatas y juegos deportivos; actividades pensadas para el reencuentro de sus capacidades psicomotrices.
Se proyecta realizar las salidas desde su domicilio y en grado creciente de distancia y complejidad hacia sitios en donde la geografía urbana le ofreciera resistencias y desafíos (desniveles, barrancos, necesidad de utilizar medios de transporte, etc.), planteándole naturalmente dificultades a resolver.
Se apuesta al sostén de su postura en el campo donde desplegará su autonomía: la calle.
Gradualmente se ha sumado, cotejando siempre las necesidades reales del joven, ir a lugares por conocer, realizar compras de su interés, hacer averiguaciones acerca de productos que le son motivadores en su vida o bien necesarios en la cotidianeidad familiar.
De esta manera fueron ampliándose los recorridos, así como se hizo necesario abordar lo referido a lo actitudinal y a la comunicación. La motivación se hizo presente. Los tiempos de espera por parte del tutor en el descubrimiento y comprobación de que aquello que el joven quisiera saber o adquirir no le iba a ser dado por éste sino que él tendría que aventurarse en la concreción, fue un ingrediente muy importante que propició el animarse, dar el primer paso.
A la par, el manejo del dinero surge como una necesidad, así como aprender recorridos.
En este momento del trabajo, un año después, el joven lograba sostener caminatas por un trecho de aproximadamente 30 cuadras, su postura y actitud denotaban mayor sostén. Comenzábamos aquí una instancia de mayor separación.
Sobre un marco estable en un recorrido significativo se le ha sumado el esquema gráfico (plano), en donde se han explicitado cantidad de cuadras, direccionamientos, nombres de calles. La posibilidad de recorrerlos las veces necesarias y de cotejar allí la ubicación, buscando referencias reales urbanas, han hecho posible jugar a perderse y volver a encontrar el camino. De esta manera fue siendo cada vez menos necesario el soporte gráfico, jerarquizándose las referencias reales, por lo que el plano pudo retirarse de la escena.
A partir de allí, el aprendizaje se tornó más dinámico, pudimos incorporar nuevos recorridos alternados con viajes en medios de transporte, así como salidas específicas a restaurantes, cafés, heladerías, video club y almacenes, encarando en mayor profundidad el manejo del dinero y el sentido de su uso, la elección de un menú, el pedido y la manera de comunicarlo, por ejemplo.
Se suma salir con los elementos necesarios como documentación, dinero, monedas y, más que importante, sus propias llaves de la casa. Libertad y sentido de responsabilidad.
Gradualmente emergió con claridad creciente el deseo de un futuro laboral.
Hacia los dos años de labor, el joven sostenía su caminata a un ritmo constante, con una actitud abierta al mundo, atento al entorno, en distancias aproximadas de 60 cuadras.
Se da en este momento un hito que hizo marca, ya el tutor no pasaba a buscarlo por su casa sino que lo esperaba a dos cuadras, en una esquina preestablecida. El paso siguiente en su primer recorrido independiente fue volver de la escuela a su casa caminando, cuestión que fue dando lugar a compartir esas salidas con sus compañeros.
El aprendizaje fue llevado a los medios de transporte, recorridos más amplios a sitios que forman parte de actividades en su vida cotidiana.
Actualmente realiza compras, viaja solo a su escuela, a la institución donde realiza otras actividades, a su clase de batería, pasea a su perro. En varias situaciones combinando caminatas con viajes en colectivo.
Forma parte de un grupo de pares que trabajan en un taller pre-laboral, él sabe de qué quiere trabajar y está encaminado a prepararse para ello.
Queda trecho por recorrer, con subidas y bajadas, encuentros con sus límites que a su vez permiten ampliar definiendo su horizonte.
Desde el apoyo en otro al sostén de su postura es el pasaje que posibilitó el que sus despliegues autónomos fueran posibles.
Se recorrió el camino desde la cercanía corporal hacia el crear un distanciamiento contenido en el vínculo que accediendo a las instancias antes nombradas, pudiendo sostener su postura con mayor libertad en su dinámica tónico postural, redundando en una creciente autoafirmación y disfrute de su creciente autonomía.
Javier Andrés Mennielli*
* Javier Andrés Mennielli es psicomotricista. E-mail de contacto: jamennielli@hotmail.com
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